Había visto antes este tratamiento en la televisión, en programas de viajes a lugares exóticos. Pero desconocía que ya hubiera llegado a España. La curiosidad pudo conmigo y cuando vi en Pineda de Mar (Barcelona) el establecimiento Pinefish Pidecura Spa[enlace a Facebook] no dudé en probarlo.
En la ictioterapia o pedicura natural cientos de pececillos se abalanzan sobre tus pies cuando los sumerges en un acuario; devoran entonces las pieles muertas de la epidermis. No es que estén hambrientos, ya que los alimentan por la mañana y por la noche. Con mucha hambre o sin ella, o ya sea porque somos un bocado exquisito, o una mezcla de ambos motivos, cuando mantienes los pies en la cornisa de la pecera decenas y decenas de Garra Rufa –así se denomina a esta especie nativa de Turquía- se arremolinan bajo tus extremidades a la espera del festín.
Los Garra Rufa succionan. Según la propietaria, en Tailandia se usa una especie diferente que tiene dientes y muerde, con el peligro añadido de que pueda provocar alguna enfermedad. ¿Y para qué sirve que tus pies sean pasto de decenas de estos diminutos especímenes?
Beneficios de la ictioterapia, según afirma la propietaria:
Se absorben las pieles muertas y se dejan así los poros abiertos.
Los Garra Rufa desprenden una enzima llamada Dithranol –su usa en cremas hidratantes- que suaviza la piel.
Reactiva la circulación sanguínea debido al masaje que proporcionan las innumerables succiones de los peces.
Al finalizar el tratamiento y pasarse la yema de los dedos de las manos por las plantas de los pies se nota que la suavidad ha aumentado. Y cuando empiezas a caminar sientes el cuerpo relajado y los pies descansados. Horas después, a la hora de ir a dormir, por lo menos en mi caso, aún permanecían los efectos en forma de leve y agradable hormigueo en los pies. Veredicto: repetiré la experiencia.
PD: Tengas o no cosquillas se puede probar esta experiencia sin riesgo alguno a pasarlo mal. Lo de las cosquillas lo digo porque tengo, y muchas. Al principio, te sobresaltas por los diminutos pellizquitos con los que los pececillos bañan tus pies. En los dos minutos siguientes -el tratamiento dura unos 15- la sensación de cosquilleo continúa presente pero pasados estos segundos sólo queda el masaje. El agua se filtra cada pocos minutos para evitar riesgos para la salud, aún así ignoro si la ictioterapia ha superado el método científico. Y una cosa más: ictioterapia y risoterapia van de la mano.
O galería subterránea de arte efímero. Bajo la Ronda de Dalt, en el distrito de Horta-Guinardó, en Barcelona, el túnel que une los Salesianos con el Velódromo de Horta hace las veces de galería de arte urbano. Decenas de grafitis exiliados en las afueras de Barna esperan a un público casual. Pinturas de espray que nacen y mueren a un ritmo frenético. Firmas y dibujos estampados unos sobre otros, sin compasión.
Reza el artista para que la obra perdure unos pocos días antes de desaparecer bajo nuevos, y siempre también, efímeros lienzos. Y nunca fuera del túnel. Prohibidísimo. El servicio de limpieza de Barcelona se ocupa en el acto de eliminar los grafitis que asoman la cabeza. Algunos "salvados para la posteridad":
Un grupo de manifestantes cortó el tráfico ayer por la tarde en el Paseo Valldaura después de celebrar la asamblea contra los recortes en sanidad y el cierre de las urgencias del CAP Guineueta, en Nou Barris, Barcelona. El 15M, barrio por barrio, parece que funciona.
En mi etapa en El Parcial, inicié una sección de desperfectos en la ciudad, centrada siempre en Horta y la Guineueta. Aceras maltrechas y árboles mutilados solían aparecer en las fotodenuncias. Junto al Velódromo de Horta, en Barcelona, he tropezado con otro trozo de acera destrozado este a lo bestia.
Acampada9barris convoca una asamblea delante del CAP de la Guineueta, en el distrito de Nou Barris, en Barcelona, con la intención de crear un grupo de trabajo de sanidad del que salgan propuestas y movilizaciones. La reunión está prevista para este viernes 15 de julio a las 19 horas. Desde hace meses cuelgan de la fachada del ambulatorio pancartas contra los recortes en sanidad.
Pineda de Mar es un pueblo del norte de la costa del Maresme. Limita con Calella al sur y Malgrat al Norte. Después de Malgrat y del río Tordera, muere la costa del Maresme y nace la Brava. En 45 minutos se llega en coche por la autopista AP-7, desde Barcelona, y una hora y poco en tren. Unas fotos de su playa, con barcas de pescadores:
Más adelante publicaré fotos del interior de esta localidad.
O más bien, tronco de árbol que engulle una señal de tráfico. ¿Cómo diantres acabó esa señal dentro del árbol? Tuvieron que pasar años para que el tronco engordara y “devorase” la señal. Debieron de introducirla sin dificultad en la cavidad y luego fue la planta la que creció hasta llegar a la situación actual. Este árbol con la señal está junto a la estación de tren de Pineda de Mar, un municipio de Barcelona, en el paso a nivel de la playa.
Por más que pasen los años, por mucho que las tretas sean cada vez más conocidas, por mucha urbana que deambule por doquier, los trileros nunca desparecen del todo de las Ramblas. Ya existían en el pleistoceno, cuando el guiri era una especie exótica en Barcelona (léase antes de las Olimpiadas).
Un día de esa prehistoria, dos o tres amigos nos detuvimos a curiosear por vez primera tamaño tinglado. El jugador protagonista de este recuerdo apostó a un cubilete –usaban media nuez boca abajo-. Pero mientras rebuscaba el billete en su cartera –porque siempre eran billetes-, el tramposo recolocaba la nuez a su antojo ante la indiferencia del personal. Como nos dimos cuenta de la trampa se lo chivamos al incauto, que gracias a nosotros ganó. Por entonces desconocíamos que más de la mitad de espectadores y otros tantos jugadores eran compinches. Al chafarles la estafa no tardaron en echarnos de malas maneras.
El otro día, me topé por enésima vez con estos tahúres en medio de la turística y emblemática rambla barcelonesa. No a un grupo, sino a tres, con una frecuencia menor a 100 metros, entre la parada de metro de Liceo y Catalunya.
Mimos en las Ramblas
A los mimos, en cambio, sólo los recuerdo en escena una vez el guiri se hubo instalado de forma definitiva en el paisaje céntrico barcelonés. Ha habido muchos y muy trabajados. Pero hacía tiempo que no me sorprendían tanto como el pasado domingo, el mismo día que me crucé con los trileros. Fotografié a uno de ellos:
Parece que levite. El artista en cuestión ha de construirse un artilugio capaz de soportarse a sí mismo. Una especie de taburete con un único pie, pero ubicado en una esquina del asiento en lugar de en el medio. Sea como sea, el efecto visual o la ilusión óptica -no sé si llamarlo de la primera o de la segunda manera o de las dos- es magnífico.
Unas 200 personas, a ojo de buen cubero y según afirman algunos medios, se han manifestado hoy en el centro de Barcelona contra el régimen sirio de Bachar el Asad. Han coreado gritos contra el presidente, al que han llamado “asesino”, y han exigido el fin del régimen, así como libertad y democracia para el país.
Algunas fotos en Plaza Catalunya, en el inicio de la manifestación, que ha cruzado hasta las Ramblas y ha acabado en Plaza Sant Jaume.
De Plaza Catalunya a Plaza Ibiza; de Barcelona a Horta. Cada miércoles a las siete de la tarde hay convocada una asamblea en la Plaza Ibiza, en Horta. Hoy no puedo asistir. A lo mejor alguien de vosotros puede y lo cuenta después.
Esta mañana he paseado por la plaza y había unas cuantas pancartas informativas y reivindicativas.
“¿Dónde está la izquierda? ¡Al fondo a la derecha!” Esta consigna solo la oí corear una vez, hacia el final de la marcha. “Felip Puig, dimisión”; esta otra muchas veces: por la cabeza, por la cola, por la diestra, por la siniestra, por arriba, por abajo, por el centro y por dentro.
Ignoro cuántos manifestantes acudieron a la convocatoria. Dejémoslo en decenas de miles. Aún así, quiero apuntar cuatro datos.
A las cinco menos veinte de la tarde, la aglomeración en el metro auguraba algo grande.
El fotógrafo Paco Elvira asegura en su blog diario de un fotógrafo profesional que en sus 30 años de experiencia fotografiando eventos políticos “pocas veces” ha tenido la sensación de documentar algo tan especial.
Por mi parte, únicamente he asistido a una marcha más masiva: la manifestación contra la invasión de Irak, hace ya más de ocho años.
Tras una hora y pico de caminata, llego a Pla de Palau, fotografío la concentración durante unos treinta minutos, vuelvo a la desembocadura de Vía Laietana y me encaramo a un andamio para tomar instantáneas durante otra media hora larga. Finalmente, deshago el camino andado y subo hasta Urquinaona con Fontanella. En todo ese tiempo, el flujo de personas fue constante. Sólo en el último tramo de Vía Laietana aparecieron los furgones de los antidisturbios y detrás el servicio de limpieza.
Llegué a Plaça Catalunya sobre las cinco y diez de la tarde. La marcha arrancaría veinte minutos o media hora después. Y alrededor de las las ocho y diez, me cruzaba con los vehículos policiales.
Parece que el 15-M marca bíceps.
PD: Pedro Guerra, si no quieres que salga la música dímelo antes de denunciarme y la quitaré, gracias.
Una enorme pancarta cuelga en la cima del Turó de la Rovira, en las baterías antiaéreas. Al pie de la colina, en la entrada sur del túnel del mismo nombre, el texto se insinúa, pero debido a la distancia resulta casi ilegible. "Casi" porque un mes de protestas y años de padecimiento ayudan a descifrarlo ...y un zoom modesto.
De siempre he visto dormir a personas en cajeros automáticos. Ahora con crisis y antes sin ella. Por norma general, en el centro de Barcelona, en el Eixample y en otros distritos o barrios aledaños. No sé si ahora hay más o menos, pero es muy posible que el número de personas que viven sin hogar, ya sea de forma puntual o habitual, se haya incrementado en los últimos años.
Lo extraño, para mí, fue hallar el sábado pasado un cartón extendido sobre el suelo a modo de colchón en el cajero automático de CatalunyaCaixa de mi calle, sita en Horta. Si ya este es un barrio de la periferia de la ciudad condal (lo de periferia leáse sin connotaciones peyorativas, naturalmente), mi calle lo es del núcleo del barrio. Como nunca antes había visto un catre por estas latitudes me sorprendió verlo. Espero que esa persona pueda reponerse y encuentre un refugio mejor cuanto antes.
En Horta, precisamente, existe un centro residencial de atención básica (CRAB) al que puede dirigirse si lo desea. Tengo otra foto hecha con un móvil en la que se aprecia mejor la cama compuesta a base de cartones, pero por problemas técnicos no puedo ofrecerla, al menos, por el momento.
Trabajadores de Telefónica -ahora Movistar- protestan por los despidos a través de muchas vías. Esta de la viñeta es una. La encontré pegada en un contenedor del Paseo Valldaura, en Horta, Barcelona. Justo al lado de un edificio de esta empresa. Hace casi cuatro meses en una pancarta colgada en la fachada de esas mismas instalaciones se denunciaba que Telefónica echaba a la calle a trabajadores por estar de baja médica.
España exportó, en 2009, 154 millones de euros en armas e importó 173 millones, según la web elDisparate.de. Esta web desglosa por comunidades cuánto gastaron y vendieron en armas al exterior. Sólo has de clicar sobre tu comunidad en el mapa de España.
Todo con datos de 2009, ya que, según explican en su blog: "La dificultad para obtener los datos y la limitación de 48 horas para la realización de la página nos impidieron obtener los datos de otros años". Y es que esta web es fruto del concurso AbreDatos, que propone montar una aplicaión web en 48 horas con datos públicos y código abierto.
Aquí podéis encontrar los finalistas del concurso. Entre otros, destaco:
energyes, excelente aplicación que permite ver en un gráfico la composición energética de España (carbón, nuclear, solar, hidroeléctrica...) por regiones y ciudades.
comoestaelpanorama.com, aplicación idónea en estos tiempos que corren en la que a través de datos del paro, de ofertas y de nuevos contratos indica en qué ciudades españolas hay más posibilidades de encontrar trabajo.
Varios manifestantes de los acampados en Plaza de Catalunya, en Barcelona, muestran solidaridad con los desalojados en París. Un grupo de personas permanece sentada en la entrada del consulado francés, en Ronda Universiatat. Justo delante unos jóvenes muestran a los conductores que circulan por la calzada un cartel que dice: "Ni recortes ni hostias", y uno más invita a los conductores a pitar si están indignados. Cuando el semáforo impide pasar a los coches, los jóvenes invaden el medio de la calzada, y se retiran una vez se ha puesto en verde. En los diez o quince minutos que he estado allí varios vehículos han tocado el claxon, incluso un ciclista el timbre de su bici. Numerosos carteles denuncian también la actuación policial del viernes pasado.
Me llega por correo electrónico este vídeo de las cargas policiales contra los acampados en Plaza Catalunya sucedidas el viernes pasado. El vídeo lo tiene colgado vidaljosep en su cuenta de youtube. Ignoro si fue él quien lo grabó. Se lo he preguntado. En todo caso, no es apto para menores.
Me he encontrado por la calle con esta publicidad de e-cristians. ¡Menudo cambio de estrategia! Quien aborta ya no mata a personas, argumento que recuerdo clave de los antiabortistas. O, peor aún: lo importante no es que se maten a personas sino que éstas dejarán de aportar 211 mil millones de euros en 2020. El abuso de la crisis tiene un límite.
Alemania opta por abandonar la energía nuclear. Así lo han anunciado hoy diversos medios de comunicación. Según informan, un 22% de la energía que consumen los alemanes proviene de centrales nucleares, un porcentaje nada despreciable. Y aunque hay letra pequeña, la locomotora de la Unión Europea se convierte de forma definitiva en modelo a seguir por todos los países nuclearizados. Francia, con un 75% de energía nuclear, debería tomar nota. Y España, por supuesto, por lo que nos toca.
Para mí, el abandono de la energía nuclear es un gran triunfo de la humanidad y signo unívoco de inteligencia.
"Per la qualitat de l'educació pública. Prou retallades!". Esta pancarta cuelga del colegio público Mare Nostrum, en Horta, Barcelona. No sólo en Plaça Catalunya hay hastiados. Como un día se unan tod@s... que es lo que precisamente persiguen los acampados.
La policía dice a través de la televisión que la Plaza de Catalunya se está limpiando. Decido acercarme. Relato lo que veo, no lo que ocurre.
Un cordón policial rodea la plaza, sobre las once de la mañana. Intento pasar acreditándome con el carnet del Col•legi de Periodistes. Un mosso frente a la calle Bergara me lo impide argumentando que necesito una acreditación especial. Le pregunto a una periodista de El País y me asegura que con la del colegio basta. Lo intento de nuevo por la entrada de Ronda Universitat y el antidisturbios de la Guardia Urbana al que le pregunto me deja pasar. Eso sí, al no llevar peto ni brazalete identificativo –supongo-, me ordena tomar fotos desde detrás de la barandilla del otrora jardín de las fuentes y ahora huerto de la acampada (aunque poco queda también de este ahora).
Encerrado por un segundo cordón policial, un grupo de acampados se concentra en medio de la plaza. Parece un rebaño acechado por lobos. Siento la comparación, pero es lo que parece. Pululan muchos petos de color naranja fosforescente entre y alrededor de todos ellos. De cuando en vez alguno de los concentrados arenga a los de afuera y éstos –dicho sea de paso, cada vez más numerosos- les jalean con gritos y aplausos. En un par de ocasiones, veo a dos personas cruzar pies para que os quiero a través de los dos cordones y unirse a los resistentes del interior de la plaza. En una tercera vez, una chica no lo consigue al ser interceptada y aporreada por un antidisturbios.
Mientras tanto, el servicio de limpieza de Barcelona baldea la plaza con agua a presión. Montañas de restos del campamento jalonan el perímetro interno de la plaza. Me sorprende ver ordenadores apilados. Algunos periodistas llevan botellas de cinco litros de agua a los concentrados, que a juzgar por el calor y el sol que hace no deben de estar pasándolo muy bien. Me acerco a la entrada de Ronda de Sant Pere y Passeig de Gràcia. Un Mosso de los que custodian el acceso me solicita la identificación. Se la facilito. Varias personas me gritan que le pida el número de identificación. Sonrío pero no lo hago. El mosso les mira con cara de pocos amigos.
En la entrada situada entre esta y la de Portal de l’Àngel los ánimos se caldean, pero desde mi atalaya poco privilegiada parece que no pasa a mayores. Con todo, el ambiente cada vez está más crispado y oigo a algunos periodistas comentar que la policía cargará. Entran camiones de limpieza. No sé cuántos, pero mazo. En pocos minutos desaparecen las pertenencias de los acampados engullidas por las cajas de los camiones. Los vehículos tardan unos instantes en abandonar la plaza. Luego, en casa, oigo al conseller de Interior, Felip Puig, afirmar que varios manifestantes les entorpecían la salida.
Hacia la una del mediodía, la urbana se retira del interior y otro tanto debe de haber sucedido con los cordones exteriores, porque centenares de persones acceden en pelotón a la plaza. A mi vera, a la izquierda, entre las dos fuentes, una cuadrilla de agentes dispara -no sé qué, pero el estruendo ahí está- a los que entran a raudales por la puerta de Ronda de Sant Pere. Había habido otros disparos antes que éstos, pero es en ese momento cuando un enjambre de “indignados” emerge en tropel de las entrañas de la plaza, cruza el jardín de las fuentes y persigue a los cuatro agentes, a la vez que algunos les arrojan botellas y otros objetos. A partir de entonces veo más cargas. Y persecuciones y carreras. Y un par de heridos. Uno llevado en volandas por compañeros. Y otro, cojeando y ayudado por otra persona.
El helicóptero, que en todo momento controla la “limpieza”, desciende al nivel del techo de los edificios colindantes. Poco a poco, la policía se retira hacia Ronda de Sant Pere. Allí, cortan la calle con un enésimo cordón. Los manifestantes llaman con carteles y voceando a la resistencia pacífica. Altavoz en mano un joven invita a ocupar la plaza para hacer una asamblea. Unos enfermeros acompañan entre manifestantes y policías a una chica cuyo rostro denota dolor, pero no acierto a discernir por qué. Minutos más tarde, en Plaza Urquinaona, las furgonetas de los antidisturbios hacen amago de marchar y, tras ellas, salen corriendo muchas personas. Pero al fondo de la plaza, maniobran un cambio de sentido y, a toda pastilla, regresan por Ronda Sant Pere. Montones de ciudadanos –y turistas- han documentado con cámaras y móviles este vaivén de vehículos policiales.
Plaza Catalunya está abarrotada de nuevo justo después de que la policía se haya marchado. Oigo a Felip Puig mientras escribo estas líneas que el objetivo de limpieza se ha cumplido. Los periodistas le explican que todo sigue como antes de la intervención policial: ya hay cocina, por ejemplo, aseguran.
Tres apuntes finales: otro día llevaré peto y/o brazalete; no entiendo por qué ha disparado ese grupo de cuatro policías; y tampoco por qué la policía no se une a los "indignados", cuando seguro que ellos -como gran parte de la ciudadanía- está harta de muchos desmanes del sistema.
#acampada, #acampadasol, #acampadabarcelona, #nonosvamos, #nolesvotes, #spanishrevolution, #europeanrevolution... hashtags que corren por twitter. Jóvenes y mayores y reivindicaciones variadas que corren por Plaça Catalunya, pero todas con un punto básico común: el hartazgo por ache o por be hacia el sistema. He aquí una selección de imágenes de la acampada en Barcelona de esta tarde, 19 de mayo:
La protestas contra los recortes en sanidad que propone el gobierno de la Generalitat continúan. Estas pancartas están colgadas en el ambulatorio del barrio de la Guineueta, en el distrito de Nou Barris, en Barcelona. En ellas se puede leer: “No a los recortes en sanidad” y “Usuario, quéjate esto te afecta a ti también. No a los recortes en sanidad”.
Según el Comité para la Protección de Periodistas, el año pasado murieron 44 periodistas en el ejercicio de su trabajo. La mitad en Pakistán, Irak, Honduras, Indonesia y Méjico. El resto repartidos en 15 países.
En lo que va de año, el mismo organismo ha contado 14 muertes, tres en Irak, dos en Bahrein, otros dos en Libia y uno en Egipto. Los otros repartidos en seis países.
Según la misma fuente, en 2010, 145 fueron detenidos, muchos de ellos en China, Irán, Eritrea y Burma. A 72 se les acusó de atentar contra la seguridad del estado, asegura la revista Capçalera.
La sanidad catalana está en pie de guerra, o, al menos, eso parece a juzgar por los numerosos carteles reivindicativos que salpican la fachada del Hospital de Vall d’Hebrón, buque insignia de la sanidad catalana. “No te pongas enfermo”, ironiza uno de ellos, precisamente el que no he podido fotografiar porque me ha asaltado con muy malos modos una agente de seguridad para evitarlo. De hecho, iba a visitar a un paciente y no me ha dejado pasar. Como llamaba a sus compañeros, le he pedido que llamara a la policía. Como no lo ha hecho, he optado por marcharme.
Tanto en el hospital de maternidad como en el general hay muchas pancartas colgadas y folletos adheridos a las paredes. Entre otras cosas, exigen la dimisión del conseller de Salut, Boi Ruiz, llaman a la manifestación –cortando la Ronda de Dalt mañana- o denuncian los recortes. En una de ellas se asegura que se han cerrado camas y quirófanos -cosa que supondrá, se calcula en la misma pancarta, entre 2400 y 4000 operaciones menos-, y en otras se piden menos rescates a bancos, menos coches oficiales o rebajar sueldazos a altos cargos.
Hace dos años hice una escapada de tres días a Roma. He aquí una entrega de recuerdos, entre fotos, vídeos y extractos de un diario que escribí a propósito. Antes, enumero en orden de aparición qué fotografié en la breve presentación que sigue. La información la he extraído de la enciclopedia de El País y de la wikipedia.
La Plaza de San Pedro, entre Roma y el Vaticano.
El Coliseo fue inaugurado en el año 80, en época imperial. Acogió hasta 73.000 espectadores, atraídos, en principio, por la sangre de los gladiadores. Fue abandonado en el siglo VI, tras usarse como fortaleza.
En la Fontana di Trevi se lanzan cada día unos 3000 euros en moneda para pedir deseos, según la BBC, que añade que el dinero se destina a los más necesitados de la capital italiana. Esta fuente es la mayor de las barrocas romanas.
El pintor Rafael está enterrado en el interior del Panteón. A este edificio del año 125 de nuestra era, se le considera obra arquitéctonica cumbre de Roma y se conserva casi intacto.
La Capilla Sixtina es famosa por la decoración al fresco a manos de los más grandes artistas del Renacimiento, Miguel Angel, Rafael y Botticelli.
En el Foro se celebraban las asambleas y los juicios. Había mercado, y, en el siglo II, se erigieron grandes basílicas y templos. En las fotos, se observan las columnas.
(...) "Pagamos y retomamos Via Ottaviano, una calle ancha, de adoquines y fachadas decentes, agradable de ver. Topamos con el muro del Vaticano y lo seguimos hasta desembocar en la plaza de San Pedro, lugar bello, diseñado para conmover y que conmigo lo consigue. La luz que ofrece el cielo raso combinada con el tono blanquecino de la obra y la amplitud de la plaza confieren solemnidad y magnificencia al lugar santo, justo lo que, obviamente, se buscaba con su edificación. Respiro sólo unos segundos, quiero decir que respiro de forma consciente por unos segundos. Una colalarguísima bordea toda la plaza por el interior, paralela a las innumerables columnas que se alzan en la circunferencia de la plaza, y se pierde por la Basílica y edificios aledaños. Oímos a unas monjas hablar en castellano, y reto a Noe para que les pregunte sobre el papa. A ellas que nos vamos:
-Hermanas –les pregunta Noe-, ¿saben si mañana el papa oficiará misa?
-Pues no lo sabemos –responde una-. Da misa en fechas señaladas y mañana no sé si… aunque veo que han levantado el escenario.
-Ah, pues gracias.
-¿Qué sois españoles?
-Sí, de Barcelona –les contesto-, ¿y ustedes? –añado, pero me ignoran.
(…)
Nuestros cuerpos, vestimentas y complementos atraviesan escáneres con éxito antes de adentramos en Ciudad del Vaticano. Aún en la plaza, al final de una escalinata encumbrada por un pasillo que se hunde en las entrañas del Vaticano, un guardia suizo con uniforme abigarrado y lanza en ristre solemniza el tránsito de personal y jerarcas de la Iglesia a base de golpes en el suelo con la culata de la lanza. Cuando un purpurado entra o sale por el vano, el suizo, impertérrito por lo demás, golpea con ganas el enlosado y añade un ostentoso saludo marcial. Varias personas nos agolpamos debajo de las escaleras para contemplar y fotografiar el espectáculo, pues circula gente por esa puerta como agua por un río. En el poco rato que llevamos en la capital italiana ya hemosvisto unos cuantos curas con alzacuello, algunos jóvenes y guaperas.
Una vez dentro de la basílica, un vigilante vestido con elegancia y sobriedad nos invita con poca amabilidad a no detenernos en la puerta. Nos adelanta un joven con un gorro de lana, a quien se dirige “presto” el mencionado vigilante y le conmina a descubrirse, cosa a la que el mencionado joven obedece sin pestañear. Nos adelanta un purpurado, a quien nadie se dirige para que se descubra. El templo impresiona más por fuera que por dentro. Bajamos a las tumbas papales. Demasiado ruido para un supuesto lugar santo. Las catacumbas, a tutiplén de vivos y muertos, por lo menos exhiben cierta austeridad en contraste con la suntuosidad de la Basílica y la Plaza de San Pedro. En frente de la tumba de Juan Pablo II –la única iluminada y con flores tiernas del día sobre la lápida- unos pocos fieles oran en silencio; una mujerona rubia, de aspecto germánico, reza de rodillas y compungida.
(…)
Magnífico el monumento a Vittorio Emanuele II, espléndido encuadre, inmaculado a juego. Orgullo -inédito en Cataluña respecto a España- por la patria italiana. Un vigilante de seguridad silba cuando cualquiera posa sus posaderas en los escalones que conducen a la tumba del soldado desconocido, custodiada, sospecho día y noche, por dos ejemplares del ejército italiano, adornada por un par de trípodes con fuego eterno y embellecida por una enorme y ostentosa corona de flores, proporcional a la majestuosidad del monumento. Ascendemos y ascendemos... admiramos la ciudad. Una gorra marrón de pana olvidada por alguien en un asiento despierta mi atención y creo que ese alguien es una chica que acaba de abandonarla, pero cuando insto a Noe a que se lo diga y se lo dice comprendo, entre risas, mi error. Nos dirigimos hacia la parte trasera de la construcción y, cuando me asomo al otro lado, ¡voilà!, retrocedo en un plis plas 20 siglos; la visión del coliseo rodeado de verde en el horizonte se apodera de mi. Ya no quiero ver la fontana di Trevi, las paredes del anfiteatro hechizan mi mente y aprisionan mi cuerpo como cuando un astro cruza el horizonte de sucesos y sucumbe sin remedio al agujero negro. Si volase, comprobaría cómo cientos de personas se aproximan por diferentes vías al tótem imperial, al igual que en tiempos los romanos acudían en masa a saciar su sed de sangre viendo degollar bestias o matar cristianos, o como ahora hinchas de clubes de fútbol corren en trance a los estadios a huir del mundo unos, y a disfrutar otros.
(…)
De cerca, advertimos que el dióxido de carbono de los vehículos ennegrece el coliseo y empobrece la contemplación del monumento, aunque sólo sea una décimas de la nota final. Roma contiene innumerables riquezas, ya de la Roma imperial, ya del Vaticano. Tan sólo con los vestigios de la primera o el significado de la segunda, la ciudad continuaría siendo visitada por multitud de turistas y eruditos. Tanto valor histórico y arquitectónico sembrando las calles debería ir acompañado de un cuidado minucioso, pero no ocurre así. El aroma a dejadez invade monumentos, calles y avenidas. A Roma le iría como anillo al dedo una política similar a la de la Barcelona de los juegos olímpicos, aquello de “Barcelona, posa’t guapa”. Claro que a los políticos del lugar muy posiblemente no les importe demasiado embellecer la ciudad, ya que las divisas turísticas no deben de haber menguado por la desidia con que tratan a su patrimonio, en particular, y al mobiliario urbano, en general. El coliseo ganaría en esplendor si las paredes ofrecieran un contraste blanco con su contorno.
Arribamos a la puerta de acceso a las cuatro de la tarde. La mujer que atiende la ventanilla nos informa que ya está cerrado y que mañana domingo abrirán de doce a cuatro. Un poco asombrados por tan escaso margen. Ha hecho un buen día en Roma, sol espléndido, azul intenso sobre nuestras cabezas. Pasadas las cuatro refresca con evidencia y el sol declina. Repensándolo sentados en una roca al lado de la entrada juzgamos que en España los horarios de trabajo son incompatibles con una vida ociosa. Ya no nos parece tan ruin la horquilla horaria del Coliseo. Decidimos dirigirnos hacia un paseo que hiende sus adoquines en un pequeños montículo, salpicado de ruinas, el foro romano. Oteamos entre los arbustos que cercan el camino y atisbamos más ruinas, algunas derechas, otras tiradas. Continuamos el paseo, oímos catalán (de Sabadell, por lo que dicen: parece que hablen fuerte para que sepamos su origen), hasta topar con una pequeña ermita en la que penetramos y descansamos sentados en las bancadas, hábito del que de ahora en adelante haremos uso. Retornamos por donde hemos venido y nos cruzamos de nuevo con las sabadellenses.
(…)
Tiramos por Via Laietana, perdón, Via del Corso, con tres dianas en mente: Pantheon, Fontana di Trevi y Piazza Spagna, la Dolce Vitta y Vacaciones en Roma, ya saben. Multitud de personas, quiero creer que son –somos- personas, nos arremolinamos entorno al Pantheon de Agripina, cuyo techo no es en parte. “¿Qué pasa cuando llueve?” , pregunta que acude a mi mente ipso facto. Dirijo mi atención al personal de entrada, enclaustrado en una cabina con ventanales. Un cartel atiende mi curiosidad, compartida y expresada por miríadas de personas antes de que a algún recepcionista se le ocurriera lo del cartelito. Y como en Roma no existen los plafones explicativos de los lugares históricos o famosos que pisas (debido -apuesta Noe- a que así obligan al turista a agenciarse una guía, un guía o un audífono-guía), el subalterno de turno se ingenió el cartelito plastificado impreso en word para abstenerse de acudir al psiquiatra o liarse a piños con algún incauto cuando tarde o temprano un día se levantara de mal fario y, harto de la preguntita de marras, no supiera canalizar hacia sus superiores su mala baba. En el suelo hay, asegura la nota, agujeritos para evitar que el agua encharque el interior. Buscamos y localizamos una ínfima parte de ellos.
Ya es de noche cuando la Fontana di Trevi aparece ante mis ojos (para no faltar a la verdad: cuando mogollón de peña y el griterío concomitante que rodea la famosa fuente irrumpe en mi campo perceptivo). Me parece aberrante la turbamulta que atrae la fuente. Es bella, pero encuentro morboso tanta acumulación de individuos arremolinada. Fotografío como buen turista típico y tópico la fontana, pero ante el débil flash de mi cámara desisto. Hace frío, más que en Barcelona.
(…)
Segundo día en Roma
Coincidimos en el deseo de desayunar en la granja de ayer. Nos atrae el café, el cruasán y el servicio. En Roma vuelve a hacer buen tiempo, despejado, azul intenso. Libre hoy de guiris –nosotros somos la excepción a la regla-, el local acoge a vecinos más que a trabajadores de la zona. Lo noto por la intensidad de los diálogos y la familiaridad con que el encargado conversa con la clientela. Mientras sucamos las pastas en los capuchinos distingo sin margen de error como las palabras “Barça”, “Español” y “Messi” fluyen una y otra vez de la boca del camarero, que conversa con un cliente algo mayor, trajeado y de cabello blanco. No hago caso, pero cuando pago interviene el calvo y con gorra:
-¿Españoles?
-Sí –le respondo sonriendo-, de Barcelona.
-¡Ah! ¿Cómo es posible? ¿Cómo posible que el Barça pierda con el Español? ¡Con Messi, cómo posible! -me suelta con la musicalidad típica del español hablado por italianos.
-¿Perdió el Barça?
El camarero se hace cruces. Compartimos la extrañeza de los oriundos por la hazaña del Español y el inexplicable batacazo azulgrana pero, en nuestro caso, el pasmo viene acentuado en secreto por el hecho de haber presenciado un interés tan pasional por un partido entre equipos españoles en un país extranjero. La bomba, tú.
(…)
De cabeza a la Capilla Sixtina. Atravesamos galerías sin detenernos a penas. Tapices, frescos, cuadros. Cualquier pintura, la más pequeña de las que embellecen numerosas bóvedas,donada a mi persona significaría que podría dejar de trabajar para vivir una vida ociosa, cómoda, o, al menos, para olvidarme del problema de fin de mes; un puñado de pinturas superan–seguro- el PIB de ciertos países del mundo; y el museo entero (como otros tantos, pero éste, recordémoslo, es el del Vaticano, cuna de la caridad, se supone) valdría más que todos los países necesitados del globo juntos.
La aglomeración por el efecto embudo al traspasar una puertecita manifiesta que la capilla se acerca. Una repulsión similar a la que sentí cuando comprobé la tantísima gente que contemplaba la Fontana di Trevi recorre mi cuerpo al verme envestido por el gentío en la capilla de marras, más que una iglesia parece un concierto, o las Ramblas de Barcelona. Ya pueden repetir por megafonía sin parar: “No hagan fotos, no hablen alto, pisan un lugar de culto”. Imposible poner puertas al mar. Los flashes depositan inmisericordes la luz blanca sobre la pintura de Miguel Angel, la posibilidad de recuerdo tan suculento gana por goleada, el debo sucumbe sin miramientos al quiero. Con todo, el Vaticano no ceja en su empeño ydestaca “soldados” por la sala para que, con sus toques de atención de viva voz, mengüen los flashes.
-¡Mister, mister, please, no photos! -suelta con severidad un vigilante a un asustado y rápidamente huidizo turista. Futilidad de futilidades. A latigazo limpio, como les enseñó su maestro.
En otra sala hallamos un mapamundi trazado sobre una tela blanca fechado a principios del siglo XVI, recién descubierta América: admirable la precisión de la costa este del nuevo continente. Leo Barcelona pero no Madrid, que aún no existe como capital.
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La caminata de ayer hace mella en piernas y pies cuando finalmente accedemos al interior del anfiteatro. Imagino el trajín de los antiguos espectadores romanos, subiendo y bajando a la carrera por escaleras -peldaños que ahora nosotros subimos y bajamos- para no perderse un ápice del espectáculo, vendedores de comida y bebida vociferando alimentos que apestan a frito y vinos aguados al estilo griego, vividores trampeando a la plebe con juegos ignotos para nosotros, pedigüeños necesitados y no necesitados, esclavos portando sombrillas o artilugios similares para la nobleza, pretorianos cuidando de la seguridad imperial, amantes secretos tratándose como amigos ante los amigos, el ensordecedor ruido de la masa sedienta de sangre, el silencio repentino ante un desenlace fatal y sorprendente… veo demasiada televisión. El anfiteatro, como monumento, se empobrece por dentro, las piedras que lo constituyen pierden la magnificencia con la que bañan la fachada.
Según 3cat24.cat, el temporal de agua y lluvia deja en Barcelonaal menos 10 bocas de metro inutilizadas. La misma web dice que en la ciudad han caído 40 litros por metro cuadrado. Aquí dejo un pequeño vídeo grabado desde mi ventana de la lluvia de esta mañana.
Es en la calle Canigó, en Horta. Antes de las Olimpíadas de Barcelona, cuando llovía más de la cuenta el agua cubría toda la calzada con suma facilidad. Hace ya mucho que no veo mi calle convertida en una riera. Y creo que es porque por entonces se modernizó el alcantarillado de la ciudad.
El País ofrece esta infografía (clic en la imagen) sobre el funcionamiento de una central nuclear. Al final, en la diapositiva 10 aparece un mapa del parque nuclear español. También ofrece este vocabulario básico.
El cine Heron City de Barcelona vende desde hace unos días las entradas en la barra del bar. De momento, lo hace entre semana, pero podría ampliarse a los fines de semana. Pregunté a uno de los empleados y me dijo que lo hacen por lo de la crisis. Heron City Barcelona es el cine más caro de España.
En la cola tendremos que esperar no sólo por los que quieren el tiquet sino por los que compran además palomitas, refrescos o chucherías.
La boca de metro de la plaza de las Glòries ha reabierto hace unos días tras permanecer cerrada varios meses debido a las obras de la nueva sede Hub Barcelona. Si la queréis ver sin moveros de casa...
Magnífico vídeo que me llega a través de Maríajosé Bana. Es un montaje realizado por Nerea Ganzarain, con música de "Bosques de mi Mente" y un texto de Eduardo Galeano
Aunque como en toda catsástrofe no se conoce el número de víctimas hasta pasado un tiempo, ya se ve claro cómo afecta un terremoto de este calibre a un país rico y preparado en comparación a otro pobre y desprotegido.
Esta semana hace un año de la nevada que colapsó Barcelona y alrededores. Aquí dejo vídeos y fotos de la nevada en los distritos de Horta y Nou Barris que colgué hace un año en el blog El Parcial, que por entonces actualizaba.
En pocos días abrirá un centro comercial en Barcelona, en la antigua plaza de Toros de la Arenas, en Plaza España. Nuevos puestos de trabajo. En la fachada de la plaza, hay un cartel amarillo que indica que faltan 29 días para la apertura, pero cuando publico esta entrada faltan 24, o sea que abrirá el próximo 25 de marzo.
El fotógrafo Rodrigo Stocco, el artista Lars Schötzau y la diseñadora Fay Shelton han creado unas postales diferentes de Barcelona. Diferentes o, incluso alguna, incívica políticamente incorrecta. Como muestra, un par de ellas.
Según Stocco, próximamente saldrán a la venta por comercios del centro de la ciudad.
Vivero de abetos en Sant Hilari de Sacalm, Girona. En la tierra de la famosa agua mineral también hay muchas plantaciones de abetos de Navidad. Y es que a pocos kilómetros se encuentra el municipio de Espinelves, donde cada año por estas fechas se celebra la "Fira de l'Avet".
Otro par de bambas colgadas de cables. Esta vez en el Paseo Valldaura, en Horta (Barcelona). Para saber más, consulta esta entrada de El Parcial. O bien:
En el centro de Barcelona, en la calle Pelayo, cola para comprar lotería en la administración El Gato negro, a casi un mes para el sorteo. Jueves, 2 de diciembre de 2010.
El cine Heron City ha remodelado la tienda de golosinas y ha quitado el Bocatta que tenía. En su lugar, ha abierto una tienda de golosinas más moderna y un bar con una barra larguísima al final de la cual hay un Telepizza.
Estos chiringuitos interiores de los cines Heron City venden palomitas de sal pero no de azúcar (bueno, sí, unas que van en una bolsa de plástico, pero no son las típicas de colores). No entiendo por qué no venden de colores. Heron City es el cine más caro o uno de los más caros que conozco. Ahora que han renovado las instalaciones y los bares tienen más espacio, esperaba que vendieran de azúcar, pero nada de nada.
Antes de la remodelación ya había sugerido a los responsables a través de la hoja de reclamaciones que las vendan. Sin resultado. Pero lo más lamentable es que la compañía ni vive ni deja vivir. Hace unos meses, la tienda de golosinas exterior a los cines empezó a vender las de colores, recién hechas. Pues el chiringuito les duró dos fines de semana.
Le pregunté a una de las dependientas y me dijo que los cines se quejaron. ¡Pues si ellos no las venden! Claro, supongo que dejaba al sucedáneo más por debajo de lo que estaba.
Àger és un petit poble al nord de Lleida. Fa uns dies vaig anar al Port d’Àger, on hi ha una posada tranquil•la i aïllada per desconnectar de les megalòpolis tipus Barcelona. Hi vaig acudir perquè la meva companya sentimental –com avui dia anomena la televisió a les parelles que conviuen en pecat- em va regalar pel meu aniversari una entrada per l’observatori astronòmic del Montsec. Com que sap que des de petit m’ha agradat tot el que té a veure amb l’univers, doncs, això.
Malauradament, però, el temps no va acompanyar i el cel mig encapotat i la lluna plena van convertir-se en escull insalvable per veure estels. Les ombres que projecta el cràter Copèrnic es distingien, però, d'allò més bé, així com els rajos d'ejecció de l'impacte. Sempre em queda el meu poble –bé, el dels meus pares-, Casas Altas (València), el firmament del qual és el més nítid que mai no he vist.
Un cop allà ens vam adonar que a Àger i als seus contorns s’aplega una munió d’indrets per fer esports d’aventura. Un dels propietaris de l’hostal ens va recomanar un parell de destinacions ineludibles. L’una, el Coll d’Ares, en plena carena del Montsec i just al costat de l’observatori astronòmic –el científic, no el divulgatiu, al qual vam anar nosaltres, situat molt més avall.
Des d’una balconada a uns 1.600 metres d’altura –uns 600 per sobre de la vall- desenes de "parapentaires" i "aladeltaires" salten al buit com si re, com si envolar-se fos tan natural a l’ésser humà com ho és caminar. No és el mateix albirar un ala delta o un parapent des del sòl estant, que veure a dos tres metres com, en un vist i no vist, passen de caminar per terra a surar a l’aire, insisteixo, natural como si el terra que trepitgen continués més enllà del precipici i els nostres ulls ens enganyessin.
De tan natural, sembla fàcil. Amb tot, veient-ho de prop, vaig decidir que mai no ho faria. Sóc massa pusil•lànime. Però bé, vés a saber... Sí que recomano veure-ho algun cop de prop, com salten, vull dir. Àger és a dues hores i quart de Barna city. I apujar al risc des d’on salten costa mig hora tres quarts. Paga la pena també per contemplar la panoràmica de la vall a un cantó, i, a l’altra, en llunyania, els Pirineus amb els pics enfarinats.
Segona recomanació de l’hoteler. Molt menys arriscat però per a mi cansat –ja que no acostumo a fer cap esport-, va ser fer caiac al pantà de Canelles. Durant gairebé cinc hores vam remar per un pantà enorme, envoltat per muntanyes de pendents costerudes i verdes, como si hi fóssim a un paisatge alpí, dels de Heidi. Vam passar per un congost estret i fred, les parets rocoses i verticals del qual eren travessades per camins foradats a la pedra que serpentejaven amunt i avall, com muntanyes russes. Excursionistes que hi transitaven ens cridaven o ens saludaven amb les mans.
Tot i que no hi havia corrent, el vent ens empenyia a favor a l’anada. Així que de tornada vam doblar l’esforç: pel retorn i per remar contra el vent. Quan ens dirigíem cap a la pressa, si deixàvem de remar, la piragua es bellugava en el sentit que ens interessava, mentre que quan vam remar per tornar al punt de partida la canoa es detenia si no remàvem. Vaig acabar l’aventura amb agulletes pels braços, l’espatlla i les cames. Quan ho faci de nou, que ho faré, aniré amb calma i gaudint del paisatge, més que voler arribar a la pressa –a la qual, tot sigui dit, no vam arribar ni de prop ni de lluny.
Per si algú mai no ha anat amb caiac i ho vol provar algun dia, li recomano que dugui calçat adequat -de platja- i banyador, així com protector solar, beguda i alguna provisió sòlida. Et mulles molt. Millor dur roba de recanvi al cotxe.