Desde hace tiempo que esta sociedad denigra capacidades como el ejercicio de la memoria y de la competición, y lo hace, sobre todo, a través de la escuela. ¿Para qué memorizar si el conocimiento ya está en los libros?, argumentaban profesores de universidad en mi época de estudiante de Magisterio –ahora seguro que se referirán muy satisfechos a la existencia de internet-. Se argüía entonces a favor del aprendizaje significativo, por ejemplo. Lo mismo ocurre para la competitividad. La moda desde hace un tiempo es la cooperación.
Como padre, estos días visito colegios para mi hija. Y ya en algunos he oído la misma cantinela contra el aprendizaje memorístico y la competitividad. Me produce cierta náusea comprobar como tales ideas fraguan en los colegios sin que nadie –o muy pocos- hayan opuesto resistencia...