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jueves, 14 de marzo de 2013

Propaganda por información. Habemus papam

¿Cuál es la función del periodismo? Informar y divulgar, e, incluso, entretener y educar. Pero por encima y antes que todo, la función esencial del periodista consiste en denunciar. Si no hay denuncia se corre el altísimo riesgo de tolerar y colaborar con determinados poderes, es decir, de convertirse en un relaciones públicas, por ejemplo. El periodista debe estar atento para que no le den propaganda y publicidad por noticia. Y no es fácil, cuando gran parte de las informaciones y noticias provienen de gobiernos, oposiciones, políticos, patronales, sindicatos, ONGs y otras instituciones que, muchas veces, velan por intereses particulares. La esencia del periodismo –insisto, y más en los tiempos que corren- es la denuncia; el resto, publicidad y propaganda.

¿Es noticia la elección del nuevo papa? Sin duda, sí. Pero una cosa es la elección y otra el desmesurado seguimiento del cónclave y demás ritos que preceden y suceden a la elección de Francisco. No me sorprende el seguimiento abrumador en medios de comunicación impresos y audiovisuales. Interesa, se supone, a muchos lectores y televidentes. Pero ese volumen de imágenes y letras abandonó hace tiempo el terreno de la información para convertirse en instrucción, espectáculo y propaganda por la causa. Casi pisamos, sobre todo algunas televisiones, la prédica y el adoctrinamiento. ¿Cómo actuar, entonces?

Repito que considero legítimo anunciar que la Iglesia Católica ha cambiado de sumo pontífice. Pero la mayoría de datos, en realidad, los ha difundido el departamento de comunicación de la Santa Sede sin tamiz alguno –o mínimo- por parte de la prensa. Aunque con excepciones. Algunos medios desde un primer momento han rastreado máculas en el nuevo papa. A Jorge Mario Bergoglio se le relacionó con la tortura y desaparición de dos sacerdotes de su congregación –los jesuitas- durante la dictadura militar argentina. Y también se le achaca haber mentido sobre las reuniones que la Conferencia Episcopal Argentina mantuvo con el dictador Videla, así como por faltar a la verdad respecto al robo de bebés que nacían en cautiverio por parte de militares.

Muchos medios publicarán más detalles en los próximos días sobre el supuesto pasado oscuro del papa y contrastarán mejor las fuentes y datos. Pero una cosa no quita la otra. La mayoría de informaciones sobre el cónclave y la elección del obispo de Roma han hecho las veces de propaganda del “régimen”. Un "régimen" que disfruta de muchos medios propios para evangelizar y predicar, para vocear que el papa vivía en un apartamento y que usaba el transporte público. O que el nombre de Francisco sea un posible guiño a la austeridad franciscana (eso sí, aunque abomine de la teología de la liberación).

Todos ocultamos trapos sucios, pero unos más que otros. Y no todos pertenecemos a una institución que se erige –o desea erigirse- en modelo de conducta para los feligreses. La prensa y, en especial los telenoticiarios por constituir todavía el medio de comunicación de masas por excelencia, no pueden obviar la misión esencial del periodismo.

Este gato por liebre ocurre a diario con otras supuestas noticias -"blandas" y "duras"-, no solo se circunscribe al habemus papam. Pero con demasiada frecuencia acontece de forma desorbitada, exagerada... Hace unos días la publicidad se coló disfrazada de noticias sobre el Mobile World Congress. Los informativos en Catalunya dedicaron espacios y tiempo a raudales al congreso. ¿Cuánto habría costado a los organizadores y marcas difundir toda esa información mediante una publicidad que los telediarios les evitaron pagar? Me temo que cifras incalculables.

                                                                                       ***

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4 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con tu reflexión. En mi opinión, en los medios de comunicación masivos existe un abuso de la información institucional (la que se origina en gobiernos, parlamentos, partidos, sindicatos u otros agentes sociales, ONGs...) y, en cambio, adolece de falta de ímpetu fiscalizador de esas mismas instituciones.

    La institucionalización de la información -como la denominaba hace unos días en este post http://bit.ly/ZfveQb- es propaganda disfrazada de información y, sin duda, causa también del brutal desapego ciudadano.

    Los medios hablan y discuten de regeneración democrática centrándose en todas las instituciones que necesitan urgente baldeo, pero se olvidan que ellos mismos, como instituciones mediadoras entre los emisores activos (centros de poder) y unos receptores (los ciudadanos) a quienes siguen tratando como masa pasiva aunque ya no lo es, lo necesitan tanto o más que aquéllas.

    Un saludo!

    Roger

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  2. En molts punts -i sobretot en la idea de fons- semblen posts bessons!

    Com bé apuntes a la teva anàlisi, Roger, cal tenir present que els recursos econòmics en el mitjans davallen cada dia que passa. Per construir notícies cal temps i diners (o dit d’altra manera, periodistes).

    Potser, una sortida passarà per diaris pagats per la ciutadania, l’anomenat crowfounding, que cada dia té més adeptes. O fer periodisme cada cop més especialitzat. Però no ho sé...

    Un altre factor per corregir l’excessiu pes de les institucions –i aquí copio el que ha manifestat algun cop l’exfiscal anticorrupció Carlos Jiménez Villarejo respecte la investigació de casos de corrupció- és tenir coratge per enfrontar-se al gran poder de moltes d'aquestes institucions.

    Salutacions!

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  3. Totalmente de acuerdo, ha sido una cobertura desmesurada por parte de la mayoría de los medios de comunicación. Interesante post!

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  4. Gracias, Míriam. Sigo desde ya tus palabras a punto. Espero que tu cuenta de twitter no sea un fake ;)

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